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martes, 6 de agosto de 2019

El Momento en que Envejecí como Gamer

Envejecer es algo normal de la vida. Muchos nos resistimos a eso, pero es inevitable. Incluso si nos esforzamos en que no se vea, no podremos evitar sentir que los años se nos vienen encima, y eso es algo normal, con lo que debemos aprender a vivir. Sin embargo, también me pasó con los videojuegos, y eso es lo que más me ha costado aprender a conllevar.

Recuerdo tener el mismo computador desde el 2001 hasta el 2010, debiendo jugar juegos que salieron antes del 2002 en ese computador durante todos esos años. Mi mayor maratón sin interrupción fueron 16 horas jugando Empire Earth, el cual era uno de mis juegos favoritos cuando era pequeño. Dichas maratones no me causaban más que ganas de seguir jugando y volver a hacerlo nuevamente.

Cuando tenía 17 años me compré mi primera consola, una PlayStation 3, la cual ocupé miles de horas. Ya no podía comprar cualquier juego: tenía que ser un juego que me garantizará un mínimo de 50 horas de juego. Esta regla también se aplicaba al único juego por año que recibía como regalo de parte de mi familia, por lo que mis primeros juegos fueron Red Faction Guerrilla, Red Dead Redemption, y Mass Effect Trilogy. Cada uno de ellos me dio al menos 100 horas de juego (y acumulación de dolor en mis muñecas de la que hablaré ahora).

Sin embargo, cuando llegué a la mitad de mis 18 años, una mala noche de sueño por culpa de la universidad y el uso intenso de la consola un día antes me pasaron la cuenta, resultando en una tendinalgia. Luego, dos años después, me diagnosticaron tendinitis en ambas manos, la cual me aqueja hasta el día de hoy.

También, cuando empecé a trabajar, mi tiempo (junto con la capacidad de seguir usando un teclado y ver una pantalla) se vio disminuido, por lo que las maratones de 16 horas ya no son algo viable, y las 50 horas de juego pasaron de distribuirse en una semana a tardarme meses. Esto causó que la satisfacción de terminar un juego se alejara más, volviendose frustrante el jugar en ocasiones.

Red Dead Redempion 2 sigue sin terminar en mi biblioteca de PS4


Algo que pasó en paralelo a esto fue madurar: las historias dejaron de ser una excusa para pasar a la acción, y comenzaron a ser algo en lo que empecé a poner más atención a medida que el tiempo pasaba. Eso hizo que los juegos como Portal, que no duran las 50 horas que siempre quise, empezaran a volverse más atractivos, coincidiendo esto con un nuevo boom de los juegos indie, que ahora se volvieron algo que quise probar.

Juegos como Journey, Everybody's Gone to the Rapture, The Walking Dead, y muchos más son ahora reconocidos por muchos, sin importar su duración, porque llega un punto en el que nuestros gustos cambiarán, y nos daremos cuenta de que no todo en la vida se trata de cantidad, sino que de calidad, y sobre todo cuando hablamos de juegos.

Hay juegos que son innecesariamente largos, y terminan volviéndose aburridos por la falta de variedad. No todos, naturalmente, pero sí muchos, por lo que ver algo corto pero bueno se volvió una opción viable para mí. Quizás ese fue el momento en el que la madurez me dio en un ámbito que jamás pensé que me daría: en el entretenimiento.

Ahora mismo, tengo pendientes DOOM y Tales From the Borderlands, y he escuchado muy buenos comentarios de ambos, así que espero que las 12 horas que me dará cada uno sean más que entretenidas.

Escrito por Mario.