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lunes, 27 de abril de 2020

Opinólogo Geek: La resolución 4K no es tan importante como 60fps




Desde los inicios de los videojuegos, siempre ha habido una marcada diferencia entre consolas, y una evolución constante de las tecnologías a nivel de hardware y de software. Sin importar si cada uno es partidario del PC o de una consola, el avance de la tecnología es constante, y cada generación se caracteriza por implementar algo nuevo, como el mode 7 en SNES, o los mundos en 3D de PS1 y Nintendo 64.

Durante la séptima generación de consolas, donde la competencia se dio entre la PlayStation 3, la Xbox 360, y la Wii, hubo dos tecnologías que aparecieron durante esta época, y que muchos aseguraron que serían el próximo paso de la producción de los videojuegos: primero aparecieron los controles mediante movimiento, un avance en la que la Wii fue la pionera.

La consola de Nintendo tenía un precio menor y menos potencia respecto a la competencia, pero tenía el atractivo de que sus controles con sensor de movimiento acercaron los videojuegos a un nuevo público gracias a la inmersión que esto suponía. Sin embargo, esto también significó que la consola tocó techo muy pronto, con muchos desarrolladores abandonando el desarrollo de juegos para la consola.

Sony y Microsoft no se quedaron atrás, y lanzaron PlayStation Move y Kinect, respectivamente. Ninguno de los dos sistemas logró consolidarse plenamente, y fueron abandonados de cara a la octava generación de consolas, ya que los controles de PS Move solo se usan para la realidad virtual en PS4, mientras que Kinect fue totalmente abandonado en la Xbox One cuando esta consola no logró igualar las ventas de la PS4, y fue una de las razones del elevado precio de la consola.


Hubo otra tecnología que también fue popular durante algunos años, el 3D, con varios juegos destacando en sus portadas que podían ser jugados con dicha tecnología, prometiendo mayor inmersión gracias a la profundidad de la imagen. Muchos comenzaron a comprar televisores, monitores, y tarjetas de video que permitieran usar esta tecnología, pero también cayó en desuso y dejó de ser considerada como una tecnología relevante.

En la octava generación, y por lo que hemos podido ver de lo que sabemos de la novena, la nueva tecnología de moda y hacia donde todos están apuntando es la resolución de 4K, que equivale a 3840 x 2160 pixeles. No nos debería sorprender, ya que estamos en el punto en que hemos logrado llegar a la denominada "alta definición", por lo que tenemos imágenes cada vez más nítidas. Sin embargo, quizás sea bueno hacer una pausa en este avance.

Si bien la resolución es importante, no olvidemos que esto también comenzó gracias a los televisores, capaces de mostrar imágenes de mayor resolución y calidad. Desde ahí, los videojuegos y el cine han tratado de estar a la par para poder ofrecer la mejor imagen posible, y está bien que haya un incremento en la tecnología, pero muchos parecen olvidar que hay algo más importante que la resolución: la tasa de imágenes.


La tasa de imágenes (o framerate, para quienes estén más familiarizados con dicho término) es la cantidad de imágenes fijas que se producen por segundo. El estándar en el cine son 24 imágenes por segundo, en televisión suelen ser 30, y en videojuegos suele ser un tema controversial, aunque el consenso es que lo ideal son 60 imágenes por segundo, y es el número que debería aspirarse a tener en todo momento.

Pese a esto, muchos videojuegos en consolas optan por 30fps (frames per second, o imágenes por segundo) para mantener una mejor calidad gráfica, y en las versiones mejoradas de las consolas actuales (PS4 Pro y Xbox One X) solo algunos juegos permiten subir la tasa de imágenes a 60fps en lugar de una resolución mayor. Robándole la frase al youtuber YongYea, los 60fps son una necesidad, mientras que la resolución 4K es más bien un lujo.

Muchos ya querrán matarme, y es comprensible, pero permítanme elaborar por qué planteo esto, y es algo que no requiere demasiados conocimientos técnicos, y muchos de mis argumentos por esta tasa de imágenes también pueden utilizarse para números mayores, como los 120fps y los 120hz de tasa de refresco de la pantalla.


Como ya dije, la tasa de imágenes es un número de imágenes fijas con ligeras variaciones para crear la ilusión de movimiento. Mientras más alta sea la tasa de imágenes, nuestro cerebro verá menor diferencia entre el videojuego y la vida real, ayudando a que podamos lograr una mayor inmersión dentro del mundo virtual, ya que la diferenciación entre ficción y realidad comienza a desaparecer alrededor de los 60fps, donde el cerebro recibe mayor información de lo que está pasando (si no me creen, vean cómo a veces necesitamos un segundo o dos para reaccionar a lo que pasa en una película).


También, debemos recordar que existe la latencia, que es el tiempo que pasa desde que pulsamos un botón hasta que vemos la acción deseada suceder en pantalla. A 30fps tenemos latencia de 33 milisegundos, mientras que a 60fps tendremos solo 16 milisegundos. Esto no suena a mucho, pero puede ser la diferencia entre la vida y la muerte en muchos juegos competitivos, y es la razón por la que juegos como Overwatch y Call of Duty siempre han tenido esta tasa de imágenes como objetivo.

Pensemos que estamos jugando un juego de disparos, y tenemos un oponente frente a nosotros: Vemos qué arma tiene, sabemos qué podemos hacer para contrarrestar su ataque, y como salir victoriosos. Sin embargo, estamos jugando a 30fps, mientras que nuestro oponente a 60fps. Esto significa que él reacciona más rápido que nosotros, y hemos perdido el enfrentamiento debido a que recibimos menos información por segundo para decidir cómo reaccionar, y la latencia entre que pulsamos el botón y vimos la acción en pantalla fue mayor.

Hay otros beneficios asociados con una mayor tasa de imágenes, como pueden ser: mayor fluidez en las animaciones, diferencias para algunas técnicas gráficas como el Anti-Aliasing, o suavizado, entre otros. No voy a decir que todos los juegos deben funcionar a 60fps y solo a 60fps, pero debería priorizarse este apartado en lugar de la resolución cuando se trata de consolas. Los usuarios de PC tienen la posibilidad de personalizar el rendimiento, y la tendencia es a aumentar la tasa de imágenes en lugar de la resolución, y es porque esto afecta más el juego.

Hay veces en las que los juegos pueden funcionar perfectamente a 30fps, pero es solo cosa de jugar por un tiempo a una tasa de imágenes mayor, y la diferencia será notoria. La jugabilidad de un juego cambia bastante cuando existe una tasa de imágenes alta, y un ejemplo claro es Doom Eternal, donde la velocidad del juego era tan alta que id Software priorizó la tasa de imágenes en todas las consolas antes que la resolución, ya que una latencia mayor habría hecho más difícil el juego, por no decir que injusto.

La resolución 4K no es algo malo, pero no debe ser la prioridad de cara a la nueva generación. En este momento, más que nunca, las consolas pueden brindar la capacidad de personalizar la experiencia de un videojuego de la misma forma que un PC, y no debe subestimarse lo mucho que puede cambiar cómo disfrutamos un juego cuando su rendimiento y tasa de imágenes es superior.

Escrito por IonMario94